Pensamientos

Albert Einstein

“La lógica te lleva de A a B, la imaginación te lleva a todas partes”

 

Antiguo dicho chino

“Lo que la oruga llama fin del mundo, el resto del mundo lo llama mariposa”

 

 

La Elegancia

En un mundo exasperado por la cultura de las apariencias hay una preocupante escasez de elegancia. Se tiende a la retórica,  la vanidad, el narcisismo,  la exageración, el deseo de “gustar” a toda costa. Se quiere, muy frecuentemente exagerar, no solo en la ropa, sino también en el comportamiento y en la manera de expresarse.

La elegancia no es llamativa. No es una acumulación de oropeles y de exhibicionismos. Es estilo, conciencia, medida. Una equilibrada mezcla de buen gusto instintivo  y de elecciones precisas, de cuidado y atención meticulosa en cada detalle.

La elegancia es cortesía. Es respeto hacia los demás, cuidado a la manera de cómo puede ser percibido lo que que decimos, hacemos o mostramos.

La ironía es elegante, el humorismo es elegante, la elegancia es saber sonreír y también reír.

Cada pequeño detalle bien cuidado de acuerdo a su utilidad y presentado de manera elegante puede ayudar a hacer más agradable el ambiente en el que vivimos.

Hay quien piensa que la elegancia es un don, un talento con el cual se nace. En parte puede ser verdad. Hay personas que saben moverse, expresarse y comunicarse mejor que otras. Pero nadie está condenado a ser vulgar, molesto y fastidioso. Y nadie puede confiarse solo del instinto. La elegancia, la sencillez, la sobriedad, son artes que podemos aprender y cultivar. Y vale la pena hacerlo. No solo para hacernos más agradables para los demás, sino también para sentirnos mejor con nosotros mismos.

La elegancia es seducción, fascinación, misterio, pasión, amor por las cosas bellas, por la buena comida, por el buen vino, es la búsqueda de la particularidad, del detalle que nos hace únicos, es la felicidad de vivir, de amar, de gozar la vida misma. La elegancia es un arte, es el arte de vivir, de vivir bien y mejor.

Extractos

"A.L. Tennyson, Ulyssesl, 1842"

 

"No puedo evitar viajar: ¡cuánto es tonto descansar, pararse, oxidarse inutilizados, en lugar de resplandecer útiles! Allí está el puerto; el barco extiende sus velas; allí llama al amplio y oscuro mar. Puede que nos traguen los abismos; puedeque toquemos al fin las Islas Afortundas y veamos al grande Aquiles, a quien conocimos. SIempre fuertes en la coluntad de crear, de buscar y de no rendirse jamás.

 

José  Saramago, Viaje a Portugal, 1996

 

El viaje no ha terminado. El viaje no termina jamás, solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración. Cuando el viajero se ha sentado sobre la arena de la playa y ha dicho: “No hay nada más que ver”, sabía que no era verdad. Tenía que ver lo que no se había visto, ver de nuevo lo que ya se había visto, ver en primavera lo que ya se ha visto en verano, ver de día lo que ya se ha visto de noche, con el sol donde la primera vez llovía, ver los verdes puestos, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que no estaba. Hay que volver sobre los pasos ya dados, para repetirlos, y para trazarles al lado nuevos caminos. Hay que volver a empezar el viaje. Siempre. El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.”

 

 

 

 

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